Durante meses hemos hablado del Fenómeno El Niño.

  • Hemos leído pronósticos.

  • Hemos seguido comunicados.

  • Hemos escuchado advertencias.

Pero creo que quienes trabajamos en logística deberíamos empezar a hacernos una pregunta bastante más incómoda:

¿Qué hemos cambiado realmente en nuestras operaciones?

Porque el problema no empieza cuando llueve.

Empieza mucho antes, cuando diseñamos una cadena que depende demasiado de que todos los días todo funcione como esperamos.

  • Un gran almacén central.

  • Inventarios concentrados en pocos puntos.

  • Una ruta principal de abastecimiento.

  • Pocos proveedores críticos.

  • Corredores que damos por hecho que siempre estarán disponibles.

  • Operaciones optimizadas para reducir costos y tiempos, pero no necesariamente para seguir funcionando cuando algo falla.

Durante años buscamos eficiencia.

Y probablemente hicimos bien.

Pero quizás deberíamos preguntarnos si, mientras reducíamos costos, inventarios y redundancias, también estábamos reduciendo nuestra capacidad de respuesta.

El Niño podría poner esa pregunta sobre la mesa.

No porque sepamos exactamente qué carretera podría interrumpirse, qué puente podría quedar restringido o qué ciudad podría enfrentar mayores dificultades.

Precisamente porque no lo sabemos.

Por eso creo que todavía estamos a tiempo de hacer algo que muchas veces dejamos para cuando comienza la emergencia:

mirar nuestra logística completa desde el riesgo y no solamente desde la eficiencia.

Yo empezaría hoy.

  1. Mapearía la red completa. Almacenes, proveedores, plantas, carreteras, puentes, puentes críticos, ciudades, clientes y rutas de abastecimiento.

  2. Identificaría nuestros puntos únicos de falla. ¿Qué ocurre si perdemos durante varios días un almacén, una carretera, un proveedor o un transportista?

  3. Revisaría dónde tenemos el inventario. No solamente cuánto stock tenemos, sino dónde debería estar antes de una posible interrupción.

  4. Diseñaría rutas A, B y C. La ruta alternativa debería conocerse antes de necesitarla, no cuando nuestros vehículos ya están detenidos.

  5. Evaluaría una descentralización selectiva. Centros regionales, cross-docking, almacenes temporales, operadores alternativos o microhubs pueden convertirse en redundancias estratégicas sin necesidad de duplicar toda la infraestructura.

  6. Incorporaría el riesgo climático a las decisiones de supply chain. La información de NOAA, ENFEN, SENAMHI, CENEPRED e INDECI debería empezar a conversar con inventarios, compras, transporte, proveedores y S&OP.

Y agregaría algo que a veces olvidamos.

Prepararnos no significa únicamente revisar techos, drenajes, bombas o proteger la mercadería dentro del almacén.

Todo eso es necesario.

Pero podemos tener un almacén perfectamente protegido y una operación completamente paralizada porque el problema estaba 100 kilómetros antes.

  • En una carretera.

  • En un puente.

  • En un proveedor.

  • En el acceso a una ciudad.

Ahí encuentro la reflexión que más me preocupa.

Quizás durante años diseñamos nuestra logística pensando principalmente en el día en que todo funciona.

El verdadero desafío ahora es saber si también la diseñamos para el día en que algo deje de funcionar.

El Niño no necesariamente va a crear nuestras vulnerabilidades.

Podría simplemente hacer visibles las que ya tenemos.

Por eso, antes de preguntarnos qué tan fuerte será El Niño, yo empezaría por otra pregunta:

Si mañana uno de los principales nodos de nuestra cadena dejara de funcionar durante una semana, ¿realmente estamos preparados para seguir operando?