Hay algo que cada vez me llama más la atención cuando observo cómo vivimos y nos movemos por una ciudad.
Una persona sale de casa.
Camina algunas cuadras.
Toma un bus, el metro, una bicicleta o utiliza su automóvil.
Compra un café.
Llega a trabajar.
Durante el día recibe un paquete.
Al regresar pasa por una tienda, un supermercado o una farmacia.
Y finalmente vuelve a casa.
Parece simplemente un día cualquiera.
Pero detrás de ese recorrido están ocurriendo al mismo tiempo muchas de las actividades que hacen funcionar una ciudad:
Vivienda.
Movilidad.
Retail.
Logística.
Servicios.
Entonces me surge una pregunta:
¿En qué momento esa persona dejó de ser una sola persona?
Para el desarrollador inmobiliario es un residente.
Para el retailer, un consumidor.
Para el transporte, un pasajero.
Para la logística, un punto de entrega.
Pero para la ciudad siempre fue la misma persona.
Quizás fuimos nosotros quienes la dividimos.
Hemos aprendido a entender nuestros sectores. Pero no siempre la ciudad que los conecta.
En vivienda analizamos demanda, precios, densidad y disponibilidad de suelo.
En retail estudiamos tráfico, áreas de influencia, consumo y competencia.
En logística analizamos almacenes, inventarios, rutas, tiempos y costos.
Todo eso es necesario.
Pero cuando cada decisión se toma de manera aislada podemos terminar optimizando cada parte y haciendo menos eficiente el conjunto.
Viviendas alejadas del empleo y los servicios.
Comercios desconectados de los recorridos cotidianos.
Grandes almacenes desde los que tenemos que atravesar media ciudad para llegar al consumidor.
Individualmente, cada decisión puede parecer correcta.
El problema aparece cuando las juntamos sobre una misma ciudad.
Tal vez deberíamos empezar por observar a las personas
Antes de preguntarnos dónde construir, dónde abrir una tienda o dónde localizar una operación logística, quizás deberíamos responder cinco preguntas mucho más sencillas:
¿Dónde vive y dónde trabaja la gente?
¿Cómo se mueve entre ambos lugares?
¿Dónde compra y utiliza servicios?
¿Dónde se concentran esos recorridos?
¿Qué necesidades todavía no están resueltas?
Cuando comenzamos a observar una ciudad de esta manera, los desplazamientos dejan de ser solamente desplazamientos.
Se convierten en información.
Miles de personas repitiendo determinados recorridos todos los días nos están diciendo algo.
Una estación que comienza a concentrar cada vez más personas nos está diciendo algo.
Un barrio desde el que sus habitantes necesitan recorrer grandes distancias para trabajar, comprar o acceder a servicios también.
Y una zona donde empiezan a encontrarse transporte, vivienda, comercio y servicios probablemente esté mostrando algo todavía más interesante:
una nueva centralidad puede estar empezando a aparecer.
Y allí las tres industrias empiezan a encontrarse
Para la vivienda, ya no debería importar solamente dónde está el terreno.
También debería importar qué ciudad existe desde la puerta del edificio hacia afuera.
Para el retail, quizá ya no sea suficiente saber dónde está el consumidor.
Necesitamos entender por dónde pasa su vida.
Y para la logística, quizá tampoco sea suficiente seguir preguntándonos cómo hacer más eficiente la última milla.
También deberíamos preguntarnos:
¿desde dónde estamos abasteciendo la ciudad?
Porque resulta contradictorio querer:
entregas cada vez más rápidas;
menores costos;
menos kilómetros recorridos;
menos emisiones;
Mientras seguimos abasteciendo buena parte de la demanda desde lugares cada vez más alejados de donde viven las personas.
Quizás por eso conceptos como centralidades urbanas, comercio de proximidad, microhubs, puntos de recogida y redes logísticas más descentralizadas empiezan a tener mucho más sentido.
No solamente desde la logística.
Desde la ciudad.
Una decisión termina alimentando a la siguiente
Una infraestructura de transporte puede modificar los recorridos de miles de personas.
Esos recorridos pueden generar nuevas centralidades.
Las centralidades pueden atraer vivienda.
La vivienda genera demanda de comercio y servicios.
El comercio necesita abastecimiento.
Y la logística necesita acercarse a esa demanda.
Todo termina encontrándose en el mismo lugar.
La ciudad.
Por eso cada vez me cuesta más hablar de vivienda sin hablar de movilidad.
De retail sin hablar de urbanismo.
O de logística sin hablar de dónde viven y cómo se mueven las personas.
Quizás la próxima ventaja competitiva no esté solamente dentro de nuestras propias industrias.
Quizás esté en nuestra capacidad para observar antes que otros:
dónde empieza a vivir la gente;
cómo empiezan a cambiar sus recorridos;
dónde comienzan a concentrarse;
qué quieren resolver cerca de casa;
y qué nuevas centralidades están empezando a aparecer.
Porque si somos capaces de entender esos cambios, quizás podamos anticipar también dónde tendrá sentido desarrollar vivienda, dónde aparecerá una nueva demanda para el retail y cómo debería organizarse la logística que abastecerá esos lugares.
Por eso creo que el futuro de la logística, el retail y la vivienda empieza por entender cómo funciona una ciudad.
Y entender una ciudad empieza por entender a quienes la viven.
La pregunta que dejaría sobre la mesa es esta:
¿Estamos diseñando nuestros proyectos alrededor de nuestros modelos de negocio o alrededor de la manera en que realmente viven y se mueven las personas?



