En uno de mis viajes a Madrid salí temprano del hotel porque tenía una reunión unas horas después.

Y como suelo hacer cuando estoy en otra ciudad, preferí caminar.

No porque tuviera que hacerlo.

Porque me gusta entender una ciudad desde la calle.

Eran poco más de las siete de la mañana. El aire todavía estaba fresco y Madrid recién empezaba a moverse.

Si hubieras estado caminando conmigo, probablemente habrías visto lo mismo.

Cafeterías levantando sus persianas. Padres avanzando rápido con sus hijos. Personas entrando al metro. Trabajadores llegando a oficinas. Vehículos terminando repartos antes de que las calles empezaran a llenarse.

Yo no había salido a estudiar nada.

Simplemente estaba caminando.

Pero empecé a fijarme en algo que normalmente damos por sentado:

quién estaba utilizando realmente aquella calle a esa hora.

Horas después volví a pasar por la misma zona.

Y parecía otra.

Las cafeterías estaban llenas. Había personas almorzando, reuniéndose, comprando, haciendo trámites. Las terrazas estaban ocupadas y la gente caminaba a otro ritmo.

Más tarde regresé una vez más.

Y volvió a cambiar.

Fue entonces cuando pensé algo que hoy intento recordar cada vez que evalúo una zona:

había recorrido prácticamente la misma calle tres veces, pero había conocido tres ciudades diferentes.

“Por aquí pasa mucha gente”

Seguramente tú también has escuchado esa frase.

Yo la he escuchado innumerables veces cuando se analiza un local, un terreno o una nueva ubicación.

Y siempre me parece incompleta.

Porque inmediatamente aparecen otras preguntas:

  • ¿Quién está pasando?
  • ¿A qué hora?
  • ¿Hacia dónde va?
  • ¿Tiene tiempo para detenerse?
  • ¿Vive allí, trabaja allí o simplemente atraviesa la zona?
  • ¿Ese movimiento dura todo el día o desaparece unas horas después?

Una persona puede tener exactamente la misma capacidad de gasto y comportarse de manera completamente distinta dependiendo del momento.

A primera hora quizá solo quiere llegar a tiempo al trabajo.

Al mediodía puede tener cuarenta minutos para almorzar.

Por la tarde quizá resuelva una compra.

Por la noche puede querer caminar, cenar o quedarse conversando.

La persona sigue siendo la misma.

Lo que cambió fue el contexto.

Y con él puede cambiar también el valor de esa esquina.

Ahí el retail empieza a verse diferente

Quienes hemos estado vinculados al comercio sabemos cuánto puede pesar una buena ubicación.

Pero cada vez pienso más que una ubicación no debería entenderse solamente como un punto en el mapa.

Una misma esquina puede tener varios valores durante un mismo día.

No necesariamente porque cambie la cantidad de personas.

Sino porque cambia lo que esas personas necesitan y están dispuestas a hacer en ese momento.

Contar tráfico ayuda.

Entender comportamiento ayuda mucho más.

En logística lo he visto desde otro lado

Aquella mañana había algo que unas horas después prácticamente había desaparecido: el abastecimiento.

Los mismos metros de calle que luego serían ocupados por peatones, clientes y terrazas estaban siendo utilizados para hacer llegar productos.

Eso me resultaba especialmente familiar.

Porque la ciudad no recibe solamente personas.

También necesita recibir mercancías.

Y cuando no pensamos cuándo debería ocurrir ese abastecimiento, aparece el conflicto.

Dobles filas. Carga sobre la vereda. Repartidores buscando cualquier espacio disponible.

Durante años hemos hablado mucho sobre dónde debería operar la logística urbana.

Cada vez pienso más que también debemos preguntarnos cuándo.

Porque no todo necesita utilizar el mismo espacio al mismo tiempo.

Y entonces aparece otra forma de mirar una inversión

Cuando tú o yo evaluamos un proyecto, seguramente miramos ubicación, conectividad, densidad, demanda, precios y potencial.

Yo también.

Pero después de experiencias como aquella intento añadir otra pregunta:

¿cuántas horas al día funciona realmente esta zona?

Hay lugares que dependen casi exclusivamente de oficinas.

Otros viven alrededor de estudiantes.

Algunos barrios residenciales parecen tranquilos durante el día y cambian completamente cuando regresan sus habitantes.

Y hay zonas donde diferentes actividades se van relevando.

Trabajadores por la mañana.

Comercio al mediodía.

Residentes por la tarde.

Restaurantes y espacios de encuentro por la noche.

No creo que una buena ciudad tenga que estar activa las veinticuatro horas.

Lo que me interesa es algo más sencillo:

que la infraestructura que ya construimos pueda tener más de una vida durante el mismo día.

Desde entonces intento volver

Cuando una zona me interesa, trato de no verla una sola vez.

La camino temprano.

Regreso durante el día.

Y, si puedo, vuelvo cuando cae la tarde.

Te recomiendo hacer la prueba.

Muchas veces la impresión inicial cambia por completo.

Porque una ciudad no es solamente un plano, una fotografía o una hoja de cálculo.

También son horarios.

Rutinas.

Esperas.

Encuentros.

Movimientos.

Personas haciendo cosas diferentes en un mismo espacio a lo largo del día.

Y quizá la próxima vez que estés evaluando un terreno, un local, una inversión o simplemente una zona que no conoces, valga la pena hacer algo muy sencillo:

volver unas horas después.

Puede que la calle siga exactamente en el mismo lugar.

Pero probablemente descubras otra ciudad.

¿Tú también has vuelto a una misma zona a otra hora y has sentido que estabas en un lugar completamente diferente?