Durante décadas nos convencimos de que estábamos evolucionando.

  • Construimos edificios más altos.

  • Carreteras más anchas.

  • Urbanizaciones más extensas.

  • Centros comerciales más grandes.

  • Sistemas de transporte cada vez más complejos.

Y durante mucho tiempo asumimos que ese era el camino correcto.

Pero cuanto más camino ciudades alrededor del mundo, más veces me hago la misma pregunta:

¿Estamos evolucionando o involucionando como ciudad?

  • No me refiero a la tecnología.

  • No me refiero a la arquitectura.

  • No me refiero a la infraestructura.

Me refiero a algo mucho más importante:

La forma en que vivimos nuestras ciudades.

El barrio que perdimos

Hubo una época en la que gran parte de nuestra vida cotidiana ocurría dentro del barrio.

A pocos minutos caminando encontrábamos:

  • La panadería.

  • La farmacia.

  • El mercado.

  • El colegio.

  • El parque.

  • La cafetería de siempre.

  • Los vecinos.

No era perfecto.

Pero tenía algo que muchas ciudades modernas están intentando recuperar:

La proximidad.

  • La vida diaria sucedía cerca.

  • Las personas caminaban.

  • El comercio local prosperaba.

  • Las calles tenían actividad.

  • La ciudad funcionaba a escala humana.

La ciudad que construimos después

Con el tiempo empezamos a especializar nuestras ciudades.

  • La vivienda en un lugar.

  • Las oficinas en otro.

  • El comercio en otro.

  • La industria en otro.

Y poco a poco comenzamos a depender cada vez más del automóvil para conectar actividades que antes convivían naturalmente.

Lo llamamos progreso.

Y en muchos aspectos lo fue.

Las ciudades crecieron.

La economía creció.

La infraestructura mejoró.

Pero también aparecieron nuevas consecuencias:

  • Más tiempo en desplazamientos.

  • Más congestión.

  • Más dependencia del automóvil.

  • Menos interacción cotidiana.

  • Menos vida de barrio.

La gran paradoja de nuestro tiempo

Hoy ocurre algo fascinante.

Muchas de las ciudades más admiradas del mundo están intentando recuperar precisamente aquello que durante décadas separaron.

  • Madrid.

  • Barcelona.

  • París.

  • Milán.

  • Copenhague.

  • Santiago de Chile.

Cada una con sus propias características.

Pero todas parecen coincidir en algo:

Acercar nuevamente aquello que alguna vez alejamos.

  • Vivienda.

  • Comercio.

  • Servicios.

  • Espacios públicos.

  • Movilidad.

  • Vida cotidiana.

No es casualidad que hoy escuchemos cada vez más conceptos como:

  1. Ciudad de 15 minutos.

  2. Usos mixtos.

  3. Proximidad.

  4. Caminabilidad.

  5. Desarrollo orientado al transporte.

  6. Comercio de barrio.

En el fondo, todos buscan responder a la misma pregunta:

¿Cómo construir ciudades más cómodas para las personas?

Lo que esto significa para arquitectos, desarrolladores e inversionistas

Aquí es donde la conversación se vuelve especialmente relevante.

Porque el futuro del desarrollo urbano ya no dependerá únicamente de cuánto construimos.

Dependerá de cómo conectamos aquello que construimos.

Para los arquitectos

El desafío ya no consiste solamente en diseñar grandes edificios.

Consiste en diseñar proyectos capaces de integrarse a la vida urbana.

Para los desarrolladores

El valor de largo plazo ya no estará únicamente dentro del proyecto.

También estará en la calidad del entorno que ayuden a crear.

Para los inversionistas

Las mayores oportunidades podrían encontrarse en lugares capaces de convertirse en verdaderas centralidades urbanas y no solamente en desarrollos aislados.

Cinco preguntas que deberíamos hacernos antes de desarrollar cualquier proyecto

1. ¿Las personas podrán resolver parte de su vida diaria caminando?

2. ¿El proyecto aportará actividad y vida a la calle?

3. ¿Existirá una mezcla equilibrada de vivienda, comercio y servicios?

4. ¿Estará conectado con transporte público de calidad?

5. ¿Estamos construyendo un edificio o estamos ayudando a construir ciudad?

Una reflexión final

Quizás la verdadera evolución urbana no consista en construir más lejos.

Tampoco en construir más rápido.

Ni siquiera en construir más alto.

Quizás consista en volver a acercar aquello que nunca debimos separar.

Porque al final del día las personas no viven dentro de planes urbanos.

No viven dentro de zonificaciones.

No viven dentro de renders.

Las personas viven en barrios.

Y cuanto más camino ciudades alrededor del mundo, más convencido estoy de algo:

Las ciudades más exitosas del futuro no serán las que construyan más edificios. Serán las que vuelvan a construir mejores barrios.

Y esa es precisamente la ciudad que me interesa estudiar, comprender y ayudar a construir.