Pensemos por un momento en un día cualquiera.
Salimos de casa. Algunos llevamos a nuestros hijos al colegio. Vamos a trabajar. Compramos algo. Recibimos un pedido. Quizá necesitamos ir al médico, hacer una gestión, encontrarnos con alguien y finalmente regresar a casa.
Nada extraordinario.
Es simplemente nuestra vida cotidiana.
Pero ahora pensemos cuánto esfuerzo nos exige nuestra ciudad para hacer todo eso.
- ¿Cuánto tiempo perdemos desplazándonos?
- ¿Cuántas cosas sencillas nos obligan a recorrer varios kilómetros?
- ¿Cuántas veces utilizamos el automóvil porque no encontramos una alternativa razonable?
- ¿Cuántas calles cruzamos con dificultad?
- ¿Cuántas veces buscamos sombra, una banca o simplemente un lugar donde detenernos?
Lo preocupante es que muchas de esas dificultades ya las hemos normalizado.
Nos hemos acostumbrado a organizar nuestra vida alrededor de cómo funciona la ciudad, cuando quizá deberíamos empezar a preguntarnos si no tendría que ocurrir justamente lo contrario.
Porque tener más edificios, más avenidas, más estaciones o más infraestructura no significa necesariamente vivir mejor.
La pregunta debería ser cuánto facilita todo eso nuestra vida cotidiana.
Y creo que para empezar a cambiarla deberíamos mirar, al menos, siete cosas.
1. ACERCAR LO QUE NECESITAMOS
No todo tiene que estar a cinco minutos.
Pero tampoco debería parecernos normal recorrer grandes distancias para resolver actividades sencillas.
- Vivienda.
- Comercio.
- Educación.
- Salud.
- Trabajo.
- Transporte.
- Recreación.
Cuando acercamos estas funciones no solamente reducimos kilómetros.
Recuperamos tiempo.
2. DISEÑAR TODO EL RECORRIDO
Podemos construir una extraordinaria estación de metro, pero si llegar hasta ella caminando es incómodo, inseguro o inaccesible, algo quedó incompleto.
Lo mismo sucede con una vivienda, una oficina o un centro comercial.
Nuestra experiencia no comienza al entrar al edificio.
También importa:
- La vereda.
- El cruce.
- La sombra.
- La iluminación.
- La bicicleta.
- La conexión con el transporte.
La ciudad también se diseña desde la puerta hacia afuera.
3. HACER QUE CADA METRO CUADRADO HAGA MÁS POR NOSOTROS
Un parque no tiene que servir únicamente para recrearnos.
Puede aportar:
- Sombra.
- Biodiversidad.
- Deporte.
- Gestión del agua.
- Espacios de encuentro.
Una estación puede integrar transporte, comercio y servicios.
Un colegio puede continuar sirviendo al barrio cuando terminan las clases.
Una cubierta puede generar energía, incorporar vegetación o convertirse en espacio colectivo.
No siempre necesitamos más infraestructura. A veces necesitamos que la que tenemos haga más cosas.
4. INCORPORAR LA LOGÍSTICA DESDE EL PRINCIPIO
- Queremos tiendas abastecidas.
- Queremos recibir nuestros pedidos.
- Queremos restaurantes funcionando.
Pero pocas veces pensamos dónde ocurrirá todo eso.
Y cuando no lo hacemos aparecen:
- Vehículos en doble fila.
- Repartidores sobre las veredas.
- Proveedores buscando dónde descargar.
- Mercancías compitiendo con peatones.
La logística también forma parte de nuestra vida cotidiana.
No deberíamos esconderla.
Deberíamos diseñarla.
5. CREAR LUGARES DONDE SIMPLEMENTE PODAMOS ESTAR
No todo espacio debería obligarnos a comprar, trabajar o desplazarnos.
También necesitamos:
- Árboles.
- Bancas.
- Plazas.
- Sombra.
- Lugares donde conversar.
- Espacios donde los niños puedan jugar y las personas mayores descansar.
Parecen decisiones pequeñas.
Pero muchas veces son esas pequeñas decisiones las que hacen que queramos caminar, permanecer o regresar.
6. DISEÑAR PARA TODAS LAS ETAPAS DE NUESTRA VIDA
Hoy podemos caminar varias cuadras o subir escaleras sin pensarlo demasiado.
Mañana quizá no.
Por eso:
- Accesibilidad.
- Ascensores.
- Cruces seguros.
- Distancias razonables.
- Lugares para descansar.
No deberían ser complementos.
Deberían formar parte del diseño desde el principio.
7. DEVOLVERNOS TIEMPO
Quizá esta sea la más importante.
Hablamos constantemente de movernos más rápido.
Pero una buena ciudad debería conseguir algo todavía mejor:
que no necesitemos movernos tanto.
Porque cada minuto que dejamos de perder en desplazamientos innecesarios es tiempo que recuperamos para nuestra familia, para caminar, descansar, encontrarnos o simplemente vivir.
Después de pensar mucho en esto, cada vez tengo más claro algo.
Arquitectos, desarrolladores, inversionistas, retailers, empresas logísticas, autoridades y propietarios de suelo no construimos solamente edificios o infraestructura.
También estamos diseñando una parte de la vida cotidiana de otras personas.
Por eso quizá antes de preguntarnos:
¿Qué podemos construir aquí?
deberíamos empezar por otra pregunta:
¿Qué debería poder hacer una persona aquí y qué tan fácil podemos lograr que sea hacerlo?
Porque una ciudad puede seguir creciendo, construyendo e invirtiendo.
Pero si cada vez necesitamos más tiempo y esfuerzo para vivirla, quizá todavía estamos midiendo su éxito de la manera equivocada.
¿Qué tendría que cambiar hoy en tu ciudad para hacer un poco más fácil tu vida cotidiana?



